jueves, 9 de septiembre de 2010

Viaje a 1974. Un trozito de Michael Ende


Si cierto es que el tiempo, tan antiguo como la vida, nos recuerda las carencias del mundo,a su vez, embellece la intriga de cada hora y se torna calma y sabia, se abre caminos a través de los bosques de papel, de los colores difuminados en las mentes, para recordarnos que ninguna obsesión nos sanará del mismo transcurrir del tiempo, y que éste, lejos de poder ser ahorrado, se transforma humanamente....para BIEN... estas líneas;

"Era música y al mismo tiempo otra cosa. Y de pronto, Momo lo reconoció; era la música que aveces oía, muy bajito y como de muy lejos, mientras escuchaba el silencio de la noche estrellada. Pero ahora los sonidos se volvían más y más claros y brillantes. Momo intuyó que era esa luz sonora la que hacía nacer de las profundidades del agua negra cada una de las flores de forma cada vez más diferente, única e irrepetible. Cuanto más escuchaba, más claramente podía distinguir voces singulares. Pero no eran voces humanas, sino que sonaba como si cantaran el oro, la plata y todos los demás metales. Y entonces aparecieron como en un segundo término voces de índole totalmente diferentes, voces de lejanías impensables y de potencia indescriptible. Se hacían cada vez más claras de manera que Momo iba entendiendo poco a poco las palabras, palabras de una lengua que nunca había oído y que, no obstante, entendía. Eran el sol y la luna y todos los planetas y las estrellas que revelaban sus propios nombres, los verdaderos. Y en esos nombres estaba decidido lo que hacen y cómo colaboran todos para nacer y marchitarse cada una de esas flores horarias. Y de pronto, Momo comprendió que todas esas palabras iban dirigidas a ella. Todo el mundo, hasta las lejanas estrellas, estaba dirigido a ella como una sola cara de tamaño impensable que le miraba y le hablaba. Y le sobrevino algo más grande que el miedo. En ese momento vió al maestro Hora, que le hacía señas con la mano. Se lanzó hacia él, que la tomó en sus brazos, y ocultó la cara en su pecho. De nuevo sus manos se posaron con la lentitud de la nieve sobre sus ojos, se hizo oscuridad y el silencio y se sintió protegida. Volvió a recorrer de regreso todo el pasillo. Cuando volvieron a estar en la pequeña habitación entre los relojes, la tendió sobre el sofá. - Maestro Hora-murmuró Momo-, nunca pensé que el tiempo de los hombres es...- buscó la palabra adecuada,sin encontrarla-...tan grande-dijo por fin. -Lo que has visto y oído Momo-respondió el maestro Hora-, no era el tiempo de todos los hombres. Sólo era tu propio tiempo. En cada hombre existe ese lugar, en el que acabas de estar. Pero sólo puede llegar a él quién se deja llevar por mí. Y no se puede ver con ojos corrientes. -¿Dónde estuve, pues? -En tu propio corazón-dijo el maestro Hora, y le acarició el revuelto pelo."

SoulRebel de Michael Ende, del capítulo "Momo llega al lugar de donde viene el tiempo"

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