martes, 7 de julio de 2009

Reflexiones y una madrugada

Día noche. Día palpito. Día pluma.



No hay lucha más encarnizada y dura, en la que nos enfrentamos con nosotros mismos, es entonces que de los mares de adentro aparece ese yo interior, convertido en nuestro propio enemigo. Llegará , sin más, el tiempo, de estrecha cinta, y nos dirá que la vida hasta entonces tan misera dejará de ser desgraciada para ser en su estado puro, solamente, vida.




Vida vivida. Vida no sufrida. Vida cosecha.




Ciudades que regresan a sus propios altares, hoy son espurnas de lo que quedó de la represión. El rojo, hasta hoy nacido de la saciante "paz" vuelve en sí mismo, hacia dentro del útero para nacer y morir como sangre. Fluye así, sin ser derramada.
El odio huele a verde, verde cielo y verde agua. Ya no da miedo. Es el suspiro agotado, su propio fin.
Duerme tumbado entre gritos motorizados, los últimos de la madrugada. Aunque en sueños se desvele, sus ojos caminaran por el, guía entre la oscuridad. Ya no hay miedo. Ya no hay miedo ni tan siquiera en la noche nacida del cerrar de los párpados del mundo. Protegidos por la madre Luna.



Sólamente. Hasta mañana.

Y el Sol, que parece cegar el alba, será luz que nos despierte de la pesadilla.








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